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    "Jamás el régimen comunista ha garantizado a los que habitamos esta isla, ni igualdad ni equidad en lo que a servicios médicos se refiere. La elite gobernante, sus familiares, amigos y protegidos, han recibido siempre una atención diferenciada, superior a la de la población".

    "Hay una gran diferencia entre tratar a los hombres con igualdad e intentar hacerlos iguales. Mientras lo primero es la condición de una sociedad libre, lo segundo implica, como lo describió Tocqueville 'una nueva forma de servidumbre'".

    "La existencia de la Personalidad, la Libertad y la Propiedad, no se debe a que los hombres hayan dictado Leyes. Por el contrario, la preexistencia de su personalidad, libertad y propiedad es la que determina que puedan hacer leyes los hombres".

    "La prosperidad a largo plazo le debe poco o nada a los recursos naturales... La pobreza o las riquezas y las satisfacciones personales y sociales dependen del hombre, su cultura, y de su marco institucional".

    "Un mercado libre es una condición necesaria de la libertad individual. Aunque necesario para la libertad, el capitalismo sólo no es suficiente para garantizarla. Tiene que estar acompañado por un conjunto de valores y de instituciones políticas favorables a la libertad".

    "...los más entusiastas partidarios de tan ilimitados poderes de la mayoría son a menudo esos mismos administradores, conocedores mejor que nadie de que una vez asumidos tales poderes, serán ellos y no la mayoría los que de hecho harán ejercicio de los mismos".

    "Hay un límite a la intervención legítima de la opinión colectiva en la independencia individual; encontrarle y defenderle contra toda invasión es tan indispensable a una buena condición de los asuntos humanos, como la protección contra el despotismo político".

    "La historia de Occidente, desde la era de las polis griegas hasta la resistencia actual al socialismo, es esencialmente la historia de la lucha por la libertad contra los privilegios de los burócratas".

    "Aquellos que luchan por la libre empresa y por la libre competencia no defienden los intereses de aquellos que son ricos hoy. Ellos quieren que se deje libertad a hombres desconocidos que serán los emprendedores del mañana".

    "La abundancia de América no fue creada por sacrificios públicos al bien común, sino por el genio productivo de hombres libres que siguieron sus propios intereses personales y la creación de sus propias fortunas privadas".

    "La omnipotencia de la patria, convertida fatalmente en omnipotencia del Gobierno en que ella se personaliza, es no solamente la negación de la libertad, sino también la negación del progreso social, porque ella suprime la iniciativa privada en la obra de ese progreso".

    "El estado de bienestar destruye el vínculo necesario entre esfuerzo y recompensa. El resultado final es la insolvencia de los estados y el parasitismo social, alimentado por políticos que ganan elecciones ofreciendo el dinero ajeno".

    "Por más egoísta que quiera suponerse al hombre, evidentemente hay algunos elementos en su naturaleza que lo hacen interesarse en la suerte de otros de tal modo, que la felicidad de éstos le es necesaria, aunque de ello nada obtenga, a no ser el placer de presenciarla".

    "El imperio de la multitud no es menos tiránico que el de un hombre solo y esta tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y nombre del pueblo".

    "¿Pero qué es el Estado sino la mejor reflexión de la naturaleza humana? Si los hombres fuesen ángeles, no fuera necesario Estado alguno. Si los ángeles fuesen a gobernar a los hombres, no fueran necesarios controles externos ni internos sobre el Estado".

    "Desdichadamente para los hombres, el planeta ha sido parcelado en países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de una mitología particular, de derechos, de agravios, de fronteras, de banderas, de escudos y de mapas. Mientras dure este arbitrario estado de cosas, serán inevitables las guerras".

    "Mientras se admita en principio que la ley puede ser apartada de su verdadera función, que puede violar la propiedad en lugar de protegerla, cada clase querrá hacer la ley, ya sea para defenderse de la expoliación, ya sea también para beneficiarse de ella".

    "Con un derecho constitucional republicano y un derecho administrativo colonial y monárquico, la América del Sur arrebata por un lado lo que promete por otro: la libertad en la superficie y la esclavitud en el fondo".

    "Nuestro derecho colonial no tenía por principal objeto garantizar la propiedad del individuo sino la propiedad del fisco. Las colonias españolas eran formadas para el fisco, no el fisco para las colonias. Su legislación era conforme a su destino: eran máquinas para crear rentas fiscales".

    "En los motines que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías. Esto puede servir como símbolo del comportamiento que en más vastas y sutiles proporciones usan las masas actuales frente a la civilización que las nutre".

    "El liberalismo —conviene hoy recordar esto— es la suprema generosidad: es el derecho que la mayoría otorga a las minorías y es, por tanto, el más noble grito que ha sonado en el planeta. Proclama la decisión de convivir con el enemigo; más aún, con el enemigo débil".

    Lorenzo Bernaldo de Quirs es presidente de Freemarket International Consulting en Madrid, Espaa y acadmico asociado del Cato Institute. Este ensayo fue preparado para el Seminario Internacional sobre la Demoracia Liberal en Sao Paulo entre el 15 y el 16 de mayo de 2006. Tambin puede leer este documento en formato PDF

    Pero qu es el gobierno sino la mayor de todas las reflexiones sobre la naturaleza humana. Si los hombres fuesen ngeles, ningn gobierno sera necesario. Si los ngeles gobernasen a los hombres, ningn control interno o externo sobre el gobierno sera necesario. Al constituir un gobierno que es administrado por hombres, la gran dificultad es la siguiente: se debe capacitar al gobierno para que controle a los gobernados pero se le debe tambin obligar a controlarse asimismo.

    Antes de abordar el tema central de este trabajo es fundamental precisar que se entiende por liberalismo. Este es un ejercicio esencial, no una prescindible elucubracin erudita, ya que del alcance y del significado que se d a ese vocablo dependen de manera directa los dos restantes elementos que componen el ttulo de este artculo: los derechos individuales a proteger y el alcance de las garantas jurisdiccionales que se les ofrece. Por aadidura, la precisin de los contornos del trmino liberal es tambin relevante porque, a lo largo del ltimo siglo y medio, el significado tradicional de la palabra ha sufrido mltiples modificaciones, en algunos casos una autntica lobotoma intelectual, que han llegado a desnaturalizar su contenido y, por tanto, sus consecuencias polticas. En EE.UU. y en otros lugares, liberal se identifica o se asocia a una extensin de los poderes del Estado, en una manifestacin clsica de la clebre perversin del lenguaje descrita por Orwell en 1984.

    En sintona con Hayek: Por liberalismo entender aqu la idea de un orden poltico deseable que se desarroll inicialmente en Inglaterra desde los tiempos de los Viejos Whigs, a finales del siglo XVII, hasta los de Gladstone, a finales del siglo XIX. David Hume, Adam Smith, Edmund Burke, T.B. Maucaulay y Lord Acton pueden ser considerados sus representantes tpicos en Inglaterra. Fue su idea de libertad individual sometida a la ley la que inspir originariamente los movimientos liberales de Europa continental y la que constituy la base de la tradicin poltica norteamericana. Algunos de los pensadores que vivieron en estos pases, como Benjamn Constant y Alexis de Tocqueville en Francia, Inmanuel Kant, Friedrich von Schiller y Wilhem von Humboldt en Alemania, y James Mason, John Marshall o Daniel Webster en los EE.UU. pertenecen plenamente a esa tradicin

    En esa corriente intelectual se insertan las siguientes pginas. Ello requiere una puntualizacin previa. Abordar el tema de Las Consecuencias Polticas del Liberalismo: Las declaraciones de Derechos y el Debido Proceso Legal es una tarea ingente porque bajo ese ttulo se sintetiza toda la filosofa poltica liberal. Si se asume como insuperable esa restriccin, teniendo en cuenta las limitaciones de espacio y de tiempo propias de un trabajo de esta naturaleza, se tratar de ofrecer una imagen estilizada de los fundamentos tericos sobre los que se asienta el armazn institucional del Estado liberal, esto es, de las bases y de los lmites de la obediencia poltica como dira Hume. Slo as es posible entender cules eran los ideales perseguidos por los liberales y hasta que punto la evolucin de los modernos regmenes democrticos se acerca o se aleja de ellos.

    El liberalismo clsico no es el resultado de una construccin terica previa; surgi del deseo de extender y generalizar los efectos benficos que brotaron imprevisiblemente de las progresivas limitaciones impuestas a los poderes del gobierno por una razn muy simple: la desconfianza de los ciudadanos en ellos, su deseo de salvaguardar su vida, su libertad y su hacienda ante la rapacidad del poder. Esas restricciones a la discrecionalidad estatal se forjaron a lo largo de un dilatado proceso de evolucin histrica y, si bien, se ensayaron tambin en algunas partes del continente europeo nunca lo hicieron o no pudieron hacerlo con la misma intensidad, coherencia y continuidad que en Inglaterra.

    . Por el contrario, la sociedad inglesa era ya individualista en sus tradiciones legales, en su legislacin referente a la propiedad y en su cultura social desde haca siglos y sigui sindolo. Slo despus de haber descubierto que la mayor libertad disfrutada por los ingleses en el siglo XVIII se tradujo en un bienestar material sin precedentes, se intent desarrollar una sistematizacin de la doctrina liberal. Esta iniciativa busc y encontr precedentes en algunas corrientes del pensamiento poltico occidental que, aunque no lograron construir una visin sistemtica de un orden social de la libertad, s aportaron ideas seminales que pueden considerarse precursoras o antecedentes filosficos del cuerpo central del liberalismo clsico.

    El punto de partida de la teora liberal es el individualismo, esto es, la percepcin del individuo como el centro y la justificacin del anlisis social y, por extensin, del ordenamiento poltico. La premisa es clara, evidente y lgica. El individuo goza de existencia real y slo l es capaz de razonar, de elegir y de actuar. En consecuencia no se consigue entender el funcionamiento de la sociedad salvo que se la contemple como el resultado de la accin humana. En este sentido, la visin de la comunidad como un ente orgnico, provisto de vida propia y con fines distintos y/o superiores a los de las personas que la integran es una falacia que adems, en sus versiones ms duras, ha tenido consecuencias funestas. El bien comn, el inters general y otros conceptos holsticos carecen de significado y de entidad efectiva. Slo son el producto de la interaccin de los individuos. Este axioma es la piedra angular a partir de la cual se articula el edificio intelectual del liberalismo clsico.

    Por otra parte, la teora liberal clsica nace del descubrimiento de un orden que se autogenera, de un orden espontneo de la realidad social, creado por la accin humana pero no por un expreso designio humano. A travs de un proceso de ensayo y de error, entre el instinto, la razn y la tradicin, los individuos desarrollaron un conjunto de hbitos de conducta, de reglas generales de comportamiento y de instituciones que les permitieron primero sobrevivir y luego alcanzar cotas crecientes de libertad y de prosperidad. Adems, esa dinmica evolutiva les incentiv a realizar un uso de sus conocimientos y de sus capacidades (mediante el paulatino aumento de la cooperacin y el intercambio voluntarios), muy superior al que hara posible cualquier sistema centralizado o dirigido. Ese conjunto de hechos llev a los pensadores liberales clsicos a explicitar y formalizar esos principios, as como a demostrar las ventajas de su aplicacin general.

    Sin embargo, la visin liberal clsica del orden espontneo y su reformulacin moderna no concede a cualquier tipo de proceso institucional evolutivo los mismos resultados ni considera todos igualmente deseables. La evolucin de las instituciones no garantiza por si misma el predominio final de aquellas que mejor aseguran la supervivencia, la libertad y la prosperidad de las sociedades y de sus miembros. A lo largo de la historia, numerosas organizaciones ineficientes y/o represivas han pervivido durante siglos y, tambin, muchas sociedades abiertas o ms abiertas que las de su entorno han retrocedido hasta frmulas sociales cerradas y/o tribales. Si bien, el mundo ha tendido a caminar, con distinto ritmo, con regresiones a veces muy prolongadas, hacia las frmulas de articulacin social cada vez ms complejas en las que los espacios para la cooperacin voluntaria se ampliaron, nada presupone el inexorable curso de esa trayectoria.

    Frente a otras corrientes de la filosofa poltica, el sistema liberal no se sustenta en la perfeccin utpica de los seres humanos, la Leyenda del Buen Salvaje, sino en su falibilidad e ignorancia. Hume seala la restringida benevolencia y las limitaciones intelectuales de los hombres, as como el conflicto permanente entre sus necesidades infinitas y la escasez de los recursos para satisfacerlas. Sin embargo, de esas fragilidades se derivan los principios bsicos de justicia que son a su vez las bases de un gobierno limitado asentado en las tres leyes fundamentales de la naturaleza: la estabilidad en las posesiones, su transferencia por consentimiento y el cumplimiento de las promesas. Al mismo tiempo, la falibidad y limitacin del conocimiento humano es otra razn adicional para defender la sociedad libre. La cooperacin voluntaria a travs del mercado permite acumular, procesar y transmitir la informacin y los conocimientos dispersos entre millones de personas. Eso no lo lograra ni lo ha logrado jams ningn planificador. En la prctica, el sistema de libertad bajo la ley implcito en la trada humiana y su perfeccionamiento y estilizacin posteriores ayudaron a crear un marco institucional que aspira a convertir las debilidades del individuo en fortalezas.

    Por eso, la idea capital del liberalismo clsico era y es muy sencilla. La observancia y la aplicacin de reglas universales de justa conducta, que resguardan una esfera de autonoma dentro de la cual el individuo utiliza sus conocimientos y sus recursos para la consecucin de los fines que desee, es la base del orden espontneo. La tarea central del gobierno consiste en constreirse a observar y hacer observar esas normas sin excluir, como veremos, que pueda y deba desplegar algunas funciones que son necesarias para la preservacin del orden social. En la prctica, esta concepcin se limita a elevar a categora intelectual los ideales del rule of law ingls, del gobierno sometido a la ley, cuyos atributos generales son de sobra conocidos: ser impersonal, prospectiva, conocida, cierta, universal e igual en su aplicacin. La ley no busca resultados concretos, sino impone la prohibicin de invadir el dominio protegido de cada uno.

    La respuesta utilitarista sera porque ese entorno institucional funciona y asegura los mejores resultados, segn el conocido aforismo de la mxima felicidad para el mayor nmero posible. Sin embargo, este enfoque adolece de una considerable fragilidad y a su vez resulta peligroso. Por un lado es ilusorio querer medir y comparar satisfacciones individuales que son por definicin subjetivas. Es ms, la subjetividad de las preferencias de los individuos hace que las imposiciones exgenas no logren maximizar el valor total de las acciones coercitivas que el gobierno despliega con esa finalidad. Por otro, el utilitarismo abre el portillo hacia una ampliacin ilimitada de las facultades estatales y, por ende, a una reduccin del dominio privativo del individuo. Basta apelar a la voluntad, al inters o al bienestar de la mayora para restringir y/o violar los derechos individuales.

    En la prctica, el utilitarismo, con diversos matices y en sus diferentes versiones, ha sido uno de los vehculos intelectuales ms potentes para liberar al poder de sus ataduras, para conceder a los gobernantes la justificacin para aumentar sus atribuciones, para disear y ejecutar programas de ingeniera social tanto global como fragmentaria. Su paulatina aceptacin como cimiento filosfico del ideario liberal y/o su influjo sobre un amplio sector del liberalismo y de la ciencia poltica contempornea ha sido una de las causas determinantes de la prdida y de la alteracin de su verdadera fisonoma. Ha constituido un factor clave para la aceptacin de muchas medidas anti-liberales y tambin ha servido para debilitar la filosofa legal sobre que sostiene la garanta judicial de las libertades del individuo en la doctrina liberal clsica.

    El principio bsico para constreir la coercin estatal al respeto de reglas generales de justa conducta es la expresin de un principio: ningn hombre o grupo de hombres puede lesionar la vida, la libertad o la propiedad de los dems. De esa declaracin se deriva la libertad del individuo para actuar sin coercin, es decir, para plantear a travs del uso de su propiedad o mediante su cooperacin voluntaria con otros, cualquier accin no violenta ni fraudulenta respecto a terceros. Este axioma se sostiene en una condicin sustantiva, la existencia de derechos naturales, fundamentales o humanos, segn el gusto de cada cual, y dos condiciones instrumentales, la separacin o divisin de poderes y el control judicial de la accin gubernamental. Ahora bien, este planteamiento constituira una tautologa si no se pudiese responder a dos preguntas fundamentales: Primera, Por qu el individuo tiene derechos y estos han de ser respetados? Segunda, Esos derechos constituyen restricciones incondicionales o condicionales?

    Esas interrogaciones llevan a formular la cuestin fundamental de la filosofa poltica liberal. Esta no es otra que la de la existencia del Estado o, mejor, las causas que hacen preferible la opcin de un gobierno limitado a la tirana a la anarqua como principio de organizacin social. Como se ha apuntado, el concepto de la ley del liberalismo clsico, la codificacin de los principios de la common law anglosajona

    , y el orden espontneo basado en ella presuponen la asuncin de una cierta idea del individuo y una justificacin de porqu tiene derechos. El liberalismo clsico acometi esa tarea con dos teoras bsicas, el iusnaturalismo y el contractualismo. Aunque ambos planteamientos han confluido a veces en una expresin comn, por ejemplo en Locke, no siempre ha sucedido as ni tiene porqu suceder. Adems, algunos modelos de contrato sociallase el roussonianosuperan las tradicionales restricciones liberales y originan consecuencias contrarias a las preconizadas por el liberalismo. En cualquier caso cabe afirmar que existen diferentes y complementarias aproximaciones al problema que muestran la enorme riqueza del pensamiento liberal clsico y todas conducen a una misma conclusin: la necesidad de limitar el poder poltico.

    . La irona de la crtica humiana es una afirmacin fctica pero no priva de potencia terica ni de capacidad explicativa a la hiptesis contractualista, el paso del Estado de Naturaleza al Gobierno Civil, como una forma inteligente de describir el nacimiento del orden estatal y/o los lmites de su accin. Los filsofos polticos, como los economistas o los socilogos, suelen construir modelos que ayudan a entender mejor la realidad aunque no la reflejen en su totalidad.

    De todas formas, la teora contractualista es de naturaleza procedimental y sus consecuencias poltico-institucionales dependen de la restriccin previa sobre la que se sustente, esto es, sobre la fundamentacin y el alcance de los derechos que el contrato ha de garantizar. Por ello es posible disear un contrato social de corte autoritario, corporativista, socialdemcrata o liberal

    Tampoco es rechazable a priori la afirmacin de que los derechos individuales se apoyan en leyes naturales asentadas en principios inmutables y en verdades auto-evidentes. El corolario es la obligacin del Estado de protegerlas porque de lo contrario carece de legitimidad y no puede exigir obediencia. A diferencia de lo sostenido por sus detractores, esa conjetura no tiene porqu presuponer el origen divino de los derechos naturales ni cabe descalificarla por su carcter metafsico, sino que puede articularse a partir del simple ejercicio de la razn. La reconstruccin del iusnaturalismo por parte del pensamiento liberal contemporneo ha mostrado la posibilidad de construir una tica objetiva basada en un anlisis racional de la naturaleza humana

    . De cualquier manera, la fuerza normativa de la teora iusnaturalista, en todas sus expresiones, se erige en una poderosa salvaguarda de los derechos individuales y constituye un baluarte contra la coercin estatal.

    Existe una visin ms humilde sobre el nacimiento del Estado, sobre la emergencia de los derechos individuales y sobre la conveniencia de limitar las funciones del gobierno cuyo poder explicativo es considerable y no precisa recurrir a argumentaciones de carcter teleolgico. Al mismo tiempo, ese enfoque incorpora los argumentos ms relevantes del iusnaturalismo y del contractualismo en garanta de los derechos individuales. Se trata una vez ms de la visin liberal de los derechos, de las instituciones y del Estado como el resultado de un proceso evolutivo, de una dinmica de seleccin cultural a travs de la cual se ha tendido a limitar la coercin y a extender la esfera de autonoma de los individuos. Su formulacin no supone ni precisa la remisin a ninguna forma de darwinismo social como a veces declaran sus detractores. Por el contrario es una descripcin bastante sensata de las bases positivas y de las recomendaciones normativas que llevaron a una cristalizacin de los principios del liberalismo clsico y a su aplicacin con distinta intensidad. Adems se ajusta con bastante exactitud a la evolucin real de buena parte de las sociedades a lo largo de su historia.

    Quiz, el instinto primario ms fuerte del ser humano es el de su conservacin y, por tanto, su principal temor es a la muerte violenta. As lo vieron buena parte de los grandes pensadores polticos. Si una sociedad no cuenta con una organizacin que monopolice el uso de la coercin, la guerra civil, el todos contra todos se convertira en una enfermedad crnica. La ejecucin y defensa privada de los derechos llevara aparejada una dinmica de querellas, de represalias y de venganzas sin fin. No habra medio para arreglar los conflictos, para poner fin a las disputas ni para obligar a las partes a aceptar una solucin. La ley del ms o de los ms fuertes se impondra. La vida no valdra nada y sera corta, brutal y precaria. De acuerdo con Nozick

    , la emergencia de asociaciones protectoras privadas competitivas entre si o con acuerdos colusorios dentro de un mismo territorio es una garanta insuficiente, inestable y poco eficiente para superar esos problemas. Los gobiernos asumen la proteccin de la vida y de la hacienda de los individuos y suministran determinados bienes pblicos no ofertables por el mercado porque pueden hacerlo a un coste inferior que los grupos privados voluntarios.

    , y que tiene la potestad, la capacidad y la voluntad de castigar a quien recurra al uso de la fuerza sin su consentimiento. Desde esta perspectiva, un proceso evolutivo, similar a la mano invisible smitiana o al orden espontneo hayekiano, ms que un contrato social a lo Hobbes o a lo Locke, condujo a la aparicin de los ordenamientos estatales. Entre otras causas, las amenazas exteriores, la anarqua interna, el crecimiento de la poblacin, los descubrimientos tecnolgicos, la aparicin de economas de escala... estn en la metamorfosis de las primitivas formas de organizacin poltica en el Estado moderno. Su existencia no necesita ser explicada por una decisin fundacional expresa, consciente y unnime. La bsqueda racional o intuitiva de riqueza y de seguridad impuls el desencadenamiento de interacciones de suma positiva que hicieron emerger la jerarqua poltica. En terminologa de la teora de juegos, el papel del Estado ha consistido en transformar la no-cooperacin en una opcin con un coste prohibitivo.

    Ahora bien, la supervivencia del individuo no depende slo ni principalmente de la existencia de un aparato estatal que impida y castigue la agresin de terceros. Cualquier gobierno lo suficientemente fuerte para evitar ese extremo lo es tambin para convertirse en un peligroso agente agresor. Por eso, el individuo ha de tener los instrumentos adecuados para sobrevivir por sus propios medios. Esto exige que se posea a s mismo, tenga el derecho de propiedad absoluto sobre su cuerpo, libre de las injerencias coercitivas de otros sujetos y del propio Estado. El hombre tiene capacidad de pensar, de aprender, de evaluar y de elegir los instrumentos precisos para sobrevivir y para prosperar. Ello implica que el derecho de propiedad sobre l mismo se extienda tambin a la posibilidad de controlar y de apropiarse de los elementos primordiales que garantizan su existencia, de los frutos de su trabajo y a intercambiarlos con otras personas sin, en ninguno de los dos casos, recurrir al robo, a la violencia y/o al fraude. Esos son requisitos indispensables para salvaguardar su vida y su libertad. Cuando se ponen en entredicho, la vida humana corre riesgo. Ningn Sumo Legislador ha creado la propiedad ni nadie la ha inventado. Su desarrollo, proteccin y extensin han sido resultado de un proceso evolutivo y, casi siempre, la sancin de una realidad fctica.

    La propiedad constituye la medula de todos los dems derechos individuales y es la fuente ms poderosa para restringir la coercin estatal. El Estado protege al individuo frente a la agresin de terceros pero la propiedad le protege frente a la potencial agresin del Estado. En pura lgica, el resto de las libertades (religiosa, de expresin, de pensamiento etc.) no son otra cosa que manifestaciones y extensiones del derecho de propiedad sobre uno mismo, acotado tan slo por la libertad-propiedad de los dems. Es inconsistente conceder o reconocer el derecho de cada individuo a su libertad personal, es decir, a la propiedad de su propio cuerpo y, al mismo tiempo, negar o condicionar el ejercicio de ese derecho cuando se refiere a la posesin de bienes materiales. No hay posibilidad lgica alguna de distinguir entre los denominados derechos civiles y los econmicos. Esa distincin refleja una esquizofrenia intelectual insostenible. En suma, la configuracin de un crculo de autonoma o de libertad del individuo supone asumir un campo de dominio o de propiedad absoluta de ste sobre aquella. En este contexto, la nica limitacin coherente y aceptable, no se olvide, es el principio de igual libertad de los otros, el respeto a su propio mbito de autonoma.

    En los prrafos anteriores se ha sealado que, con independencia de argumentos de carcter moral, la razn primigenia para respetar la propiedad y sus manifestaciones concretas es que esa es la nica forma que tiene el individuo para asegurar su preservacin. Sin embargo, esa posicin es cuestionada por la postura utilitarista que tolera una violacin de los derechos individuales para maximizar el bienestar general y/o para minimizar la violacin de los derechos de la mayora. Este planteamiento goza de una enorme aceptacin en una poca dominada por la correccin poltica y por la venenosa identificacin de lo social con lo bueno y lo decente. Antes se ha avanzado la subjetividad de los valores individuales y, por tanto, la imposibilidad de medir la satisfaccin general de las acciones de esa naturaleza. Sin embargo hay otras dos razones adicionales para considerar inviolables los derechos de los individuos.

    En primer lugar est la vieja y sabia proposicin kantiana segn la cual las personas son fines en si mismas y no recursos explotables. Esto equivale a decir que no pueden ser sacrificadas o utilizadas para alcanzar otras metas sin su consentimiento. El motivo es la existencia de vidas separadas con proyectos distintos, intransferibles y no comparables. En segundo lugar no existe ente social alguno con vida propia independiente, al margen o por encima de la de los individuos que lo componen. Conviene recordar que no hay ms que individuos diferentes con modelos vitales distintos. De ah que utilizarles para beneficiar a otros contra su voluntad equivalga entraa una agresin. Significa que algunos hombres estn facultados para perseguir cualquier meta que ellos deseen, a imponrsela a los dems mediante la fuerza, mientras que stos tienen la obligacin tica de poner sus vidas a su servicio, sutil reformulacin de la esclavitud. Si se acepta que el principio de no-agresin ha de regir las relaciones interestatales, resulta inaceptable que no se predique lo mismo a las existentes entre el individuo y el Estado.

    Uno de los pensadores liberales ms brillantes y ms injustamente olvidado, el gran Herbert Spencer escribi: Con la disminucin de la guerra y el crecimiento del comercio, la cooperacin voluntaria reemplaza cada vez ms a la forzosa... esto hace posible la creacin de la vasta organizacin industrial que sostiene una nacin

    . Esos son los efectos de generalizar el principio de no-agresin, un concepto negativo que es la base de los tres grandes valores de la sociedad liberal: la paz, la libertad y la justicia. El liberalismo clsico desarroll esos principios bien a travs del common law anglosajn bien mediante la codificacin de una tradicin jurdicael derecho romanoen una norma escrita. Ambos cuerpos legales formaban la espina dorsal de los contrapesos constitucionales a la concentracin del poder. La legislacin moderna, lo conocido por ley en la mayora de las sociedades contemporneas, es algo diferente. Se ha transmutado en un mecanismo a travs del cual se especifican reglas sobre como deben los individuos usar su libertad-propiedad e interactuar con otros. El abandono progresivo de un sistema legal soportado por normas generales que protegen el derecho de los individuos a perseguir sus propios fines es el principal instrumento para extender los poderes del gobierno

    Cul es la estructura estatal acorde con la filosofa poltica liberal? Esta pregunta lleva a una definicin previa y estilizada de cuales han de ser las funciones legtimas del Estado. A priori, el nico fin por el cual es justificable la intromisin del gobierno en la libertad de accin de la gente es protegerla frente a la violencia o el fraude. Hacerlo por su propio bien fsico o moral no es una razn suficiente y constituye una negacin de la mayora de edad moral y mental del hombre. Esto descalifica como hiptesis general la de un Estado benevolente y paternalista que interfiere en la vida de los ciudadanos con la benfica intencin de protegerles de ellos mismos. Ningn gobierno est autorizado para decir a las personas que no hagan de su vida lo que quieran en busca de su propio beneficio. Desde esta perspectiva, la libertad en todas sus manifestaciones debe ser el principio general y cualquier pretensin de injerencia en la esfera de autonoma individual ha de tener la carga de la prueba. Sentado este axioma, lo que podramos denominar el liberalismo clsico se agrupara alrededor de dos posiciones distintas si bien no contradictorias.

    Por un lado, los partidarios del Estado Mnimo consideran que, ms all de la proteccin de los derechos individuales, el poder poltico carece de legitimidad para actuar y se convierte en una amenaza para la libertad. Su funcin primordial, de alguna manera, es civilizar o encauzar la anarqua. La proteccin universal suministrada por el Estado es la diferencia esencial de esta posicin respecto al esquema de varias agencias protectoras en competencia o de una dominante y ese es tambin el nico ingrediente redistributivo aceptable, esto es, compatible con los derechos del individuo. El gobierno tiene que proteger a todos los ciudadanos frente a una potencial agresin interna y externa e impartir justicia, esto es, hacer cumplir los contratos y castigar el robo, la violencia y el fraude. Esos son los bienes pblicos, es decir, aquellos en cuya produccin el gobierno goza de ventaja competitiva y/o constituyen un monopolio natural. En el marco terico del Estado mnimo, los individuos pueden formar el tipo de asociaciones o comunidades que deseen y someterse a cualquier tipo de norma aceptada por sus integrantes siempre y cuando no daen los derechos ajenos.

    Por otro lado estn los pensadores liberales que adoptan la distincin miliana entre las funciones necesarias del Estado, que son las contenidas en la visin minimalista de la actividad estatal, y las funciones facultativas que slo han de acometerse si no hay ninguna probabilidad racional de que se realicen por la iniciativa privada o social. En cualquier caso, esas polticas deben articularse de tal manera que estimulen el esfuerzo individual, hagan desaparecer todo aquello que le obstaculiza y alienten el espritu emprendedor. Su objetivo ha de ser incentivar los esfuerzos privados, no sustituirlos. Para el liberalismo clsico, ese tipo de programas tienen que constituir una educacin para el pblico en el arte de emprender grandes objetivos por medio de la energa individual y de la cooperacin voluntaria. Por ello, el Estado debe abstenerse de intervenir y/o retirar su intervencin cuando emergen alternativas privadas en esos campos.

    Desde esta perspectiva, el liberalismo clsico delimit de modo muy preciso tanto a cuales eran esas funciones facultativas como su alcance. As, el gobierno puede imponer a los padres la obligacin legal de proporcionar a sus hijos una instruccin elemental e incluso suministrarla de manera directa o facilitarla de modo indirectobonos escolareso ayudar a aquellas personas a quienes la falta de recursos les veda el acceso a una atencin mdica bsica pero, en ningn caso, eso supone la prestacin de esos servicios en rgimen de monopolio estatal. Tampoco puede dejar que la gente se muera de hambre pero la asistencia estatal ha de ser temporal y no proporcionar a sus destinatarios una situacin tan deseable como la de quien la consigue sin ayuda de nadie

    y/o para financiar determinadas infraestructuras en ausencia de capital privado. Esos son los campos en los que el pensamiento liberal clsico admita con suma cautela la intervencin estatal pero tambin sus lmites. De manera premonitoria, J.S. Mill escribi: toda desviacin de ese principio (el laissez-faire), a menos que se precise por algn gran bien, es un mal seguro

    Dentro de esa restriccin terica previa, la respuesta poltico-institucional del liberalismo clsico al dilema planteado por la eleccin entre la tirana y la anarqua fue el constitucionalismo. Escrita o no, la Constitucin articula un marco normativo cuyos rasgos centrales son los siguientes: a) un gobierno democrtico; b) la separacin de poderes

    ; c) una carta de derechos individuales; d) la revisin judicial y e) una estricta definicin de los poderes de emergencia del Estado. En la prctica, las restricciones constitucionales al poder han sufrido desde hace dcadas un persistente menoscabo, si bien con distinta intensidad segn los pases. Para que la proteccin de los derechos individuales sea operativa debe funcionar la triparticin clsica del poder y la revisin judicial de los actos del Ejecutivo y del Legislativo bien por una corte especializada (tribunales constitucionales) bien por la justicia ordinaria.

    Aunque esos elementos mantienen una vigencia formal en todas las democracias, han perdido su carcter sustancial en la mayora de ellas. Guste o no, las normas y la prctica constitucionales no estn al margen del cambio intelectual, cultural y moral experimentado por los individuos y por las sociedades. La idea de que el gobierno puede y debe resolver todos los problemas se ha convertido en una movimiento dominante y/o muy influyente. En este ethos intelectual, el ideal del gobierno limitado goza de un frgil apoyo agravado por las mutaciones generadas en el entorno constitucional clsico por el funcionamiento del moderno proceso democrtico. Cuando la democracia deja de ser un simple procedimiento para cambiar a los gobernantes sin derramamiento de sangre para transformarse en un medio para conseguir fines concretos mediante el uso de la fuerza, las restricciones a la accin estatal saltan en pedazos.

    La divisin de poderes entre el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial slo tiene sentido en tanto se entiende la Ley como una norma general. Cuando la normativa constitucional considera a ciertos rganos competentes para emitir leyes dentro de un cierto procedimiento, es claro, que se da por supuesto un concepto previo de la Ley. Sera un abuso poltico y una corrupcin intelectual invertir esa relacin y designar como Ley (en sentido formal) todo lo sancionado por los legisladores. En un Estado de Derecho impera la Ley en sentido sustantivo y la actividad de todos los rganos del Estado est sometida a ella. De esta manera, el constitucionalismo liberal pretenda impedir que las instancias con competencia legislativa colocasen su propio imperio en lugar del de la norma general al no distinguirse los mandatos arbitrarios, las medidas y las rdenes administrativas de las leyes. En consecuencia, un simple concepto formal de Ley, lo que impone el Legislativo, hace de ste en un poder absoluto y elimina cualquier distincin entre los tres poderes clsicos. Esto supone en definitiva sustituir el absolutismo del monarca por el absolutismo de mil cabezas de los partidos polticos que, en cada momento, se alcen con una mayora.

    La perversin del concepto sustantivo de la Ley afecta tambin de modo radical a la funcin de los tribunales de justicia como garantes de la libertad. De nuevo es preciso sealar que la Constitucin propia de la democracia liberal se basa en la distincin entre regulaciones legales de carcter general y la aplicacin de esas normas por el juez o por una autoridad administrativa. La invasin de la libertad y de la propiedad individual tiene lugar, no por medio de una ley, sino con arreglo a una ley. En consecuencia, la consideracin como Ley de cualquier norma adoptada por el legislativo elimina o, al menos, debilita de manera sustancial la capacidad de los tribunales de proteger las libertades individuales. El concepto de Ley, propio del constitucionalismo liberal, se ha visto sustituido de facto por un concepto poltico de la Ley que es tanto voluntad y mandato concretos como un acto de soberana. Aplicada a la democracia, la Ley es la voluntad ilimitada del Pueblo soberano.

    Asimismo, la independencia de los jueces, del poder judicial se convierte igualmente en una ficcin cuando se desvirta el carcter general de la Ley. La independencia del juez respecto a los mandatos del ejecutivo y del legislativo tiene su esencial correlato en su dependencia respecto a la Ley. Esto es algo muy diferente a hacerlo de los mandatos y de las rdenes especiales de un superior. Si el Legislativo puede adoptar la forma de la Ley para dirigir mandatos al juez, ste deja de ser independiente; es un servidor de los rganos competentes para legislar y, si stos usan su competencia legislativa para transformar las leyes en rdenes especiales, son los superiores jerrquicos del juez. Slo en tanto se mantenga el carcter general de la Ley, puede hablarse de un poder judicial independiente.

    Por su parte, los derechos individuales han pasado de ser negativos, una esfera protegida de accin, a positivos una exigencia de materializacin de beneficios concretos que inevitablemente exige quitar a unos para drselo a otros. Las libertades sancionadas por las cartas constitucionales de los siglos XVIII y XIX proporcionaban espacios y garantas para la accin libre del hombre pero no atribuan ventajas sustantivas a nadie. Eran derechos absolutos (incondicionales) porque no tenan coste, porque su satisfaccin no exiga la cooperacin forzosa de los dems. Si tengo derecho a trabajar y nadie quiere contratarme, alguien (el gobierno) debe forzar a otro para que lo haga. As, los derechos iguales para todos del liberalismo clsico se han transmutado en desiguales, en discriminaciones. Los modernos derechos sociales son costosos y adems generan expectativas de satisfaccin crecientes que inexorablemente se traducen en un deterioro, por no decir, en un creciente quebranto de los primeros

    La idea de igualdad ante la ley, de ciudadanos iguales en derechos del liberalismo clsico se ha visto tambin menoscabada por la visin segn la cual, grupos de individuos concretos, han de tener un tratamiento legal diferenciado (discriminacin positiva) de acuerdo con determinados criterios de identidad tnica, sexual, cultural, religiosa etc. En su traduccin prctica, este planteamiento ha resucitado una estructura social de castas y de privilegios que, a pesar de su aparente modernidad y de su correccin poltica, nos remite a una oscura era pre-liberal de rasgos seudo tribales. Esta es otra de las letales derivas de una concepcin colectivista del orden social que, en definitiva, niega los derechos individuales y conduce a una guerra civil fra.

    En este escenario es interesante analizar la evolucin que se ha producido en el Due Process of Law en EE.UU. Las clusulas del debido proceso de ley de las Enmiendas Quinta y Decimocuarta de la Constitucin norteamericana establecen que ninguna persona puede ser desprovista de su vida, de su libertad y de su propiedad sin un debido proceso. Al menos desde 1800, el alcance de esa nocin no se limitaba a determinar el procedimiento formal por el que se hacen las cosas sino para prohibir la sustancia de ciertas acciones gubernamentales. el debido proceso sustantivo consideraba fundamentales y merecedores de su amparo no slo los derechos civiles sino una amplia gama de derechos econmicos como la propiedad y la libertad contractual. Desde los aos treinta del siglo pasado, esa salvaguarda ha desaparecido. Las decisiones de la Corte Suprema rechazan pronunciarse sobre el fondo de los asuntos econmicos sometidos a su consideracin y esa praxis se han convertido en regla

    Pues bien, en realidad, el ejecutivo y el legislativo constituyen hoy un poder fusionado en la mayora de los regmenes parlamentarios y esta integracin fctica se ha convertido en un vehculo perfecto para el uso incontrolado del poder a favor de las facciones con mayores incentivos para organizarse y extraer privilegios del gobierno. En este contexto, el poder judicial tiene enormes dificultades para ejercer un contrapeso efectivo a la discrecionalidad ya que como instrumento para interpretar y aplicar la Ley, est sometido a lo considerado como tal por el legislativo. Este esquema institucional ha dinamitado el sistema de garantas de los derechos individuales establecido por el Estado Liberal. Desde esta perspectiva, la extensin y/o la reduccin de la libertad individual reposa bsicamente en algo tan frgil y tan voltil como el estado de nimo de la opinin.

    En un proceso poltico competitivo, como lo es la democracia, el debilitamiento y/o la desaparicin de las restricciones de las facultades gubernamentales impulsa el crecimiento inexorable del Estado. Las coaliciones polticas que favorecen el aumento de los gastos del Estado y/o la intervencin de ste en la vida social y econmica son siempre ms numerosas y ms eficaces que las que podran intentar oponerse a esos movimientos. Aunque todos los ciudadanos sean a la vez beneficiarios y contribuyentes de la accin pblica, les parecer ms rentable y menos costoso organizarse para que el Estado adopte medidas redistribitivas a su favor, que hacerlo a fin de restringir la expansin del gobierno. El clculo racional de sus intereses les conduce a favorecer el aumento de su bienestar individual mediante el incremento de las aportaciones redistributivas del Estado y/o de las regulaciones. La difusin de los costes de la actividad pblica y la concentracin de los beneficios que produce constituyen un potente motor para el aumento del papel del Estado en las sociedades modernas. La poltica acta as como un mercado competitivo: ejerce una seleccin natural en beneficio de las coaliciones de intereses ms eficaces y elimina las menos eficaces en perjuicio de los intereses generales. Es la mano invisible de Adam Smith funcionando al revs.

    Lo irnico es que el moderno y todopoderoso Jano Ejecutivo-Legislativo no es un vehculo para que la mayora imponga sus fines a las minoras ni siquiera un instrumento para que las elites poltico-burocrticas, la casta gobernante, haga lo que quiera sino un mecanismo al servicio de los mltiples grupos de presin y de inters que operan en las sociedades democrticas. La desaparicin fctica de la divisin de poderes en las democracias modernas ha creado un nuevo Leviatn que a travs de la legislacin y del poder fiscal gobierna con altos niveles de discrecionalidad y cuya nica restriccin efectiva no es la ley o la constitucin sino la opinin pblica. La aceptacin del juicio segn el cual el pueblo no necesita protegerse de si mismo faculta y legitima a los gobiernos democrticos a perseguir fines concretos aunque ello suponga violar derechos de terceros. El Estado democrtico moderno es, parodiando a Bastiat una gigantesca ficcin en la que todo el mundo quiere vivir a costa de todo el mundo.

    A estas alturas es posible afirmar que dos tendencias ideolgicas han operado en paralelo para erosionar las barreras levantadas por el constitucionalismo liberal al ejercicio de la coercin estatal: la regulacin del capitalismo y la desregulacin de la democracia. Cuantos menos controles tiene el moderno Estado Democrtico, ms dbil se vuelve al transformarse en un juguete de las distintas facciones, de esas singulares agrupaciones de buscadores de rentas a las que les resulta ms provechoso obtener privilegios del poder que realizar actividades productivas en el mercado. Sin duda, algunos fenmenos recientes, vase la globalizacin, son fuerzas que, al poner de relieve las deficiencias y los costes de los sistemas social-corporativos, trabajan en su reforma. Ahora bien, eso no es suficiente para contrarrestar el poder del moderno corporativismo que se ha seoreado de las democracias desarrolladas.

    La restauracin del gobierno limitado exige desplegar las bateras para iniciar una formidable batalla intelectual, una inversin tica como ha dicho Buchanan, para educar a las nuevas generaciones en las ventajas que la democracia liberal ofrece frente a la situacin actual. Cabe imaginar y disear ingeniosos artilugios constitucionales para restringir la extensin de la coercin estatal, para sacar al zorro del gallinero pero no se introducirn o su vigencia ser precaria si el consenso cultural imperante sigue envenenado por la ponzoa colectivista. Este es el factor determinante que ha erosionado y erosiona las creencias sobre las que se asienta la creacin y la conservacin de las instituciones libres.

    Las corrientes filosficas de los sofistas, de los estoicos, el individualismo de la ley romana teorizado por Cicern o los escolsticos espaoles del siglo XVI y XVII son sin duda precursores intelectuales del liberalismo clsico.

    En The Limits of Liberty. Between Anarchy and Leviathan, (Chicago University Press, 1974) Buchanan resuelve ese obstculo con el requisito de la aceptacin unnime de las reglas del juego y demuestra que eso slo es posible si se aseguran los derechos individuales descritos por el liberalismo clsico. Los individuos jams concederan poder absoluto sobre su vida, su hacienda o su libertad a uno, a varios o a muchos.

    Una exposicin contundente y slida de esta postura se encuentra en Murray N. Rothbard, The Ethics of Liberty, Humanities Press, 1982 o en el ensayo de Ayn Rand, The Objetivic Ethics incluido en la obra colectiva The Virtue of Selfishness, pgs.13-39, SIGNET, 1970.

    La moderna teora econmica ha mostrado que las conductas monopolsticas slo son sostenibles si el gobierno les crea mediante regulaciones que imponen barreras de entrada en el mercado. Una detallada explicacin de este enfoque se encuentra en Chicago Studies in Political Economy, Ed. George Stigler, Chicago University Press, 1988.

    Roger Pilon, Madisons Constitutional Visin: The Legacy of Enumerated Powers en James Madison and the Future of Limited Government, Ed. John Samples, pgs. 25-41, Cato Institute, 2002.






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